sábado, 12 de marzo de 2022

características compositivas de Schumann en el número 3 “Einsame Blumen” de las Escenas del bosque op. 82 - Aguilar Juan



El plan tonal de Escenas del bosque op. 82 está basado en la predilección de Schumann por las relaciones de mediante, submediante y subdominante que se dan a través de las tonalidades principales de cada pieza que compone el ciclo. El mismo se divide en tres partes agrupadas según cada una de esas tres regiones tonales. El número 3 de este ciclo forma parte del subgrupo de la región de mediantes, encontrándose entre dos piezas- la no2 y la no4- que están ambas en Re menor. 


La tonalidad principal de esta pieza es SIb mayor. Existen en ella muchas inflexiones momentáneas a diferentes grados de la escala que se logran mediante la sensibilización de diferentes grados (en especial II para ir al V) y la alteración de los mismos, pero la obra no modula definitivamente a ninguna de esas tonalidades, es decir que se mantiene en el centro tonal principal mientras que enfatiza la función tonal de los grados de resolución. La aparición de cierta ambigüedad tonal dada por estos acordes se debe a la voluntad de conducir la fluidez del discurso, la cual es reforzada por Schumann a través de la utilización abundante de sonoridades que incorporan alteraciones respecto de la escala diatónica principal (sib mayor) sobre la que se desarrolla la pieza, retrasando así la resolución de la dominante principal de la misma:

Para ello...

  • Utiliza dominantes secundarias (por ej.: IID7 -muy utilizado- en compases 4, 14, 26, 31, entre otros; y también ID65 c.; IIID c. 22). 

La utilización del II efectivo tiene que ver con la preferencia del compositor de introducir el V grado en cadencia compuesta alterando el acorde con función subdominante dominante para generar tensión direccional a la dominante.

  • Utiliza acordes con quinta aumentada  sin preparar en compases 53-55  (I5+ y IV5+ respectivamente).

  • Utiliza grados ascendidos para generar tensiones direccionales eventuales: IIasc. que va a un IIID en compás 26; Iasc en compás 60 que se dirige a un VID y luego a un II.  El caso del Vasc7 que va a un VI en compás 67 se inscribe dentro del uso de cadencias atenuadas (también llamadas rotas) con y sin sensibilización de la dominante por parte de Schumann: presentación de la dominante como V ascendido que se dirige al VI.


Schumann retrasa la resolución de la relación V-I de la tonalidad principal por medio de la prolongación de la función subdominante. La resolución de la cadencia auténtica de cierre de frase tal como se da en los compases 18, 35 y 44, entre otros, llega con apoyaturas que debilitan la función tónica y la suavizan. Además, en la primera sección (cc. 1-18) la dominante principal sólo aparece en los compases 4 y 17.




La textura propuesta por el compositor para esta pieza se basa predominantemente en una melodía acompañada por un acompañamiento que alterna entre un bajo solo en el primer tiempo de cada compás y un bloque en general de dos o tres notas en el segundo tiempo. El mismo se desarrolla en base a la fragmentación del acorde (ej cc6 V grado) o bien introduciendo una función diferente en el segundo tiempo (ej. cc19 II-IV). Por otro lado, el diseño melódico principal basado en un patrón de cuatro corcheas en la voz superior desemboca en la yuxtaposición de dos melodías que nacen del mismo impulso. Es habitual la aparición en la obra de una voz que luego desaparece. Esto tiene que ver con el hecho de que Schumann toma el piano como una representación de la orquesta, por lo que amplía las posibilidades texturales en varios planos sonoros simultáneos.  Por este mismo motivo el compositor introduce bloques acórdicos completos como en los compases 23-25 y en los compases 69-71.

El patrón melódico de la obra evidencia desde los primeros compases la obsesión melódica del compositor 4 ó 5 notas por grado conjunto descendente y su característica escritura muy contrapuntística en juego de imitaciones motivicas (cc1-4).





 El compositor hace uso de adornos en tiempo fuerte que generan nuevas armonías alteradas. Schumann escribe apoyaturas sin preparación previa que se justifican por el patrón motívico repetitivo que así lo permite. Esto posibilita que existan apoyaturas con resolución inmediata (cc2) o mediata de los adornos (cc17) y que aparezcan dobles apoyaturas (cc75).  En el caso de los compases 17-18, la apoyatura (13) resuelve como nota ajena una vez que se articula el siguiente acorde. Esto resulta en un acorde con sonoridad dominante con trecena.  Es común en el lenguaje de Schumann la resolución de los retardos de manera tardía o atípica.


En el compás 58 articula un acorde correspondiente a un IIdism. El mismo constituye un ejemplo del uso de acordes de intercambio modal dentro del discurso de Schumann. Este intercambio entre los colores mayor y menor también se explicita cuando utiliza el primer grado Sib en el modo menor en el  compás 38. Al igual que Schubert realiza contraposiciones de tónica Mayor/menor para los finales

Por otro lado, es importante resalta el uso de efectos de pedal armónico propio del lenguaje compositivo de Schumann tal como se ejemplifica en el caso de los compases 60-64.


En el compás 63 el compositor anula la resolución de la sensible tonal perteneciente al V grado de SibM mediante el movimiento cromático descendente de la melodía de la voz interior (en registro de alto), resolviendo, sin embargo, en el primer grado.  


La utilización de acordes con 7 (II7 cc62 y 70, IV7 en cc66, entre otros) también es propia del lenguaje de Schumann.




miércoles, 13 de enero de 2021

Género Binario y Dominación en Latinoamérica

 Género Binario y Dominación en Latinoamérica

Juan Aguilar



Introducción 


Los supuestos biologicistas y naturalistas que rigen la performatividad de género en su acepción binaria en el marco de las culturas latinoamericanas impiden la consideración de las condiciones de posibilidad de formación de las múltiples identidades que exceden esta categorización social binaria, la cual está determinada por los regímenes de clasificación social establecidos en el marco del sistema capitalista global, el cual determina las relaciones sociales por medio del adoctrinamiento institucional con fines a producir efectos de homogeneidad social. Es dentro de las mismas instituciones que regulan las relaciones de poder en la sociedad en donde se encuentran los focos de resistencia que se oponen a los poderes hegemónicos. Partiendo de la experiencia particular de la modernidad ocurrida en Latinoamérica y diferenciándola de la experiencia europea, procuro relativizar los supuestos etnocéntricos en los que se anclan las instituciones que atraviesan el cuerpo social y que dan forma a una cierta performatividad de género de base patriarcal que tiene un correlato en una distribución del poder desigual, en la dominación androcéntrica y que tiene consecuencias en la división del trabajo. 

Valorizando las luchas sociales que reivindican el derecho a las identidades diversas y frente a la problemática de la exclusión social y la marginación que sufren las disidencias sexuales, expongo la necesidad de crear nuevas formas de construir objetos de conocimiento utilizando categorías móviles basadas en la experiencia de las disidencias sexuales en Latinoamérica con el propósito de considerar la formación de sujetos con otras formas de asumir la identidad en el seno social que caen por fuera de los esquemas hegemónicos y que de otra manera quedarían invisibilizados por el régimen de enunciación imperante.

Sostengo que las identidades no binarias, trans y mixtas constituyen experiencias que ponen en cuestionamiento las estructuras sociales binarias que rigen las relaciones de poder entre las personas y que es necesaria la acción política con el fin de desarticular verdades asumidas como tales desde el sentido común y considerar, desde la sociología, estrategias de inclusión que pongan en movimiento la trama social. 
















Dirección de los cuerpos 

Del colonialismo a la actualidad


 La filosofía se halla en las bases de toda actividad humana en forma de supuestos y más allá de que las personas tengan o no conciencia de tales supuestos. Estos principios aparecen en el lenguaje más cotidiano y forman parte del sentido común, el cual, de acuerdo con la definición de Gramsci, está formado de verdades inconexas y contradictorias que contienen elementos de muchas fases históricas. El pensamiento científico propio de la tradición occidental erigió durante el siglo XIX una red de sistemas de conocimiento especializado que, bajo la apariencia de emitir discursos objetivos y racionales, enmascaró los efectos de verdad que estos discursos producen, imponiendo regímenes de existencia que regulan la vida de los individuos participantes de la sociedad. 

Los argumentos biologicistas de base positivista justifican la adecuación de los cuerpos a determinadas conductas en razón de una idea de normalidad anclada en principios asociados con la salud física y espiritual en los que conviven un ánimo médico-terapéutico y religioso que determinan lo que Ranciere llama la división de lo sensible en nuestra sociedad. La división de lo sensible tiene que ver con una partición y una repartición de los espacios, los tiempos y las formas de actividad. Esa distribución de los espacios y las disposiciones está determinada, entre otras cosas, por la oposición binaria entre hombres y mujeres y está presente en lo sensible. Tal división devela relaciones de poder que determinan un "común" desigual, una forma de compartir el espacio en la que el acceso a ciertas posiciones y la posibilidad de disponer de la materia y de recursos están determinados por ciertas condiciones de legitimidad. Tales condiciones pueden pensarse como aquello que, en un determinado lugar compartido, regula lo que se puede decir -lo que es decible- y lo que se puede ver -lo que es visible- en ese espacio. La sectorización de los cuerpos en función de sus características de género es parte estructural de nuestra organización social. A partir de la división de lo sensible se define aquello que se considera lenguaje, es decir, aquello que significa y comunica en oposición a lo que es ruido, desorden y violencia. Las voces de las disidencias sexuales fueron caracterizadas, por efecto de los discursos científicos durante principios del siglo XIX, en relación con patologías mentales y físicas y en relación con la pobreza y la marginación. 

Una determinada división de lo sensible ordena los cuerpos en función de lo que estos hacen y del tiempo que necesitan para hacerlo. El derecho al trabajo y al acceso a la educación se ve mermado para las identidades diversas en nuestra cultura por causa de una discriminación y una segregación que están en la base de la formación del Estado desde su génesis colonial. Frente a los poderes opresivos que regulan la performatividad de género en nuestra cultura, es fundamental la puesta en cuestión de las verdades más ampliamente asumidas mediante nuevas categorías que posibiliten la constitución de las identidades diversas en sujetos sociales con derechos dentro de la división de lo sensible. Durante el siglo XIX se desarrollaron variados movimientos colectivos en favor de estos grupos considerados subalternos por el status quo. 

La política se ocupa de reconfigurar la división de lo sensible, de echar luz sobre los lugares que no eran visibles y de hacer decible lo que aparecía en forma de silencio o de ruido. A través de la política, las personas con identidades de género que caen por fuera del encuadre binario tienen la posibilidad de moverse dentro del esquema y de crear nuevos sujetos y objetos que darían lugar a nuevas divisiones de lo sensible. Frente a los poderes conservadores de extrema derecha que buscan hegemonizar una forma reaccionaria de organizar la sociedad, la sociología debe aparecer de la mano de la política de una forma completamente nueva, pero anclada en las luchas históricas, que tome posición en esta pugna por la división de lo sensible.


La creencia en la superioridad del hombre heterosexual blanco en Latinoamérica, con los privilegios sociales que eso implica en la división de lo sensible, está intimamente relacionada y es herencia de los años de la conquista, en la que, tal como Todorov lo demuestra, los europeos ejercieron una dominación progresiva y sistemática de los pueblos que habitaban el continente, sacando provecho de las estructuras sociales que daban forma a la vida de los nativos con el objetivo de modificar su relación con el mundo en dirección a los ideales de vida europeos y con el fin de apropiarse de sus territorios. A través de la creación de instituciones sociales de fundamento europeo y etnocentrista, los conquistadores lograron implantar en Latinoamérica formas de relacionamiento social que provienen de las sociedades europeas, implantando diferentes formas de dominación que van desde la división del trabajo hasta la fé religiosa, desde la estructura familiar hasta el consumo y la producción de obras de arte, y negando las identidades culturales locales o adaptándolas a sus fines. La imposición de la ética cristiana, que implica la circunscripción de las relaciones sexuales al matrimonio heterosexual consagrado ante la ley divina y con fines reproductivos, es útil al sistema de explotación que sería luego fortalecido durante la modernidad por la instauración del sistema capitalista global. Las disidencias sexuales deben, según esta lógica, quedar circunscritas al ámbito de lo prohibido y de lo moralmente incorrecto y se erigen, muchas veces, como el límite visible de lo tolerable. Todos los regímenes coloniales en latinomérica castigaban las “inversiones” como sodomía. Las consecuencias de este pensamiento de raíz religiosa se sincronizan con los acontecimientos que determinan la formación de los estados-nación y su progresiva adecuación al sistema monetario internacional, privilegiando las relaciones sociales funcionales a la forma de explotación laboral y segregando y señalando como impropias aquellas otras formas de vincularse y de constituirse como sujeto social que pongan en juego esa organización. Siguiendo el texto de Quijano, el capitalismo mundial basó su expansión en la incorporación de un marco inter-cultural regido por las instituciones europeas de dominación simbólica que tienen el fin de someter a las culturas consideradas como diferentes. Durante los siglos XIX y XX las persecuciones a las disidencias sexuales tomaron impulso en las verdades con presunción científica de las instituciones clínicas que siguen los modelos desarrollados en Europa. Tanto las instituciones estatales como las privadas que pugnan por la hegemonía cultural desarrollaron técnicas de formación de sujetos en las que se regula su comportamiento a partir de la incorporación de direcciones de conducta que luego se reproducen en el sujeto mismo como mandatos. La determinación del género es una exigencia que se refuerza y en la que se insiste en forma constante a lo largo de la vida, desde el nacimiento, y que exige una performatividad adecuada a las gestualidades permitidas según la división de géneros.


De diversas maneras, la diversidad de manifestaciones identitarias en Latinoamérica se manifiesta en el funcionamiento de las instituciones nacidas y pensadas desde la lógica europea. La “tolerancia” es una noción que suele aparecer junto a los comportamientos inadecuados de las disidencias sexuales, pero la condena aparece al nivel del comentario, la burla y la desestimación de la palabra. Durante la última dictadura militar en Argentina, la violencia por parte de los grupos golpistas que asumieron el poder de manera ilegítima hacia los colectivos LGTB+ se vieron facilitados por la connivencia entre la iglesia y las fuerzas represivas del Estado. El régimen de gubernamentalidad que encarnó el Estado Argentino destinó sus fuerzas a combatir toda forma de oposición a la división de lo sensible que fue impuesta por ese régimen en forma sistemática. Desde la sección llamada División de Moralidad de la Policía Federal se persiguió específicamente a la comunidad LGTB+. El Edicto 2°H fue de común uso para sancionar la disidencia sexual aludiendo al “escándalo en la vía pública”. El Edicto incluía causas como:

inciso f: exhibirse vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario.

inciso h: incitar u ofrecerse públicamente al acto carnal, sin distinción de sexos. 

inciso i: encontrarse un sujeto conocido como pervertido en compañía de un menor de 18 años. 

La identidades sexuales no heteronormadas fueron perseguidas como formas de perversión y asociada con la corrupción de menores, las enfermedades de transmisión sexual y conductas delictivas de todo tipo. La diferencia sexual es leída como síntoma y germen del mal social.


En el marco institucional, la sociedad ha permitido ciertas expresiones de género no convencionales, aún con cierta reticencia. Hizo falta la reciente sanción del Cupo Laboral Trans como política de inclusión activa. La figura del travesticidio y del transfemicidio son también figuras legales recientemente incluídas gracias a la lucha de colectivos feministas, y LGTB+.  

Las instituciones constituyen campos de producción simbólica que determinan la subjetividad de quienes participan de ellas por medio de lo que Pierre Bordieu llama habitus. El habitus está constituido por una serie de reglas más o menos explícitas que delimitan el campo de acción de los individuos dentro de un esquema de relaciones de poder dado. La inclusión de las disidencias sexuales implica una modificación en lo simbólico que debilita la eficacia de los mecanismos de exclusión. Frente a la forma de dominación patriarcal-tradicional que impera en los campos de acción social, los colectivos que abogan por la diversidad cultural y por los derechos humanos accionan a conciencia para modificar los regímenes discursivos que justifican la exclusión y la marginación social. El lenguaje inclusivo constituye en sí mismo una militancia latinoamericana que surge con el fin de manifestar el conflicto que encierra la performatividad binaria de géneros y de poner en cuestión el binarismo. Siguiendo a Weber, este tipo de práctica se puede pensar como una “acción social con arreglo a fines” que apunta a cuestionar el sentido común por medio del lenguaje con el objetivo de modificar el orden de valores que rige la sociedad. El lenguaje inclusivo es una forma de manifestar supuestos filosóficos al nivel de la comunidad y su uso implica una conciencia filosófica que, entrelazada con las luchas por el reconocimiento de las identidades latinoamericanas en su diversidad y heterogeneidad, constituyen una herramienta política para la transformación. 


En las recientes manifestaciones llevadas adelante en Chile, Bolivia y Perú durante el año 2020 contra los regímenes de gobierno opresivos que tomaron el poder en esos estados, los carteles utilizados por la juventud utilizan muchas veces el lenguaje inclusivo. Contra este tipo de manifestaciones, se erigen argumentos puristas respecto del lenguaje español. Gramsci señala que la falta de conocimiento de la lengua nacional por parte de los grupos que no forman parte de las elites constituye un sesgo para su capacidad de conocimiento. Frente a este tipo de argumentos, creo que es necesario considerar los fundamentos que legitiman la universalidad de un lenguaje por sobre otro. El conocimiento mismo -y sus formas de ser presentado y aceptado como tal- se legitima para constituirse en esquemas de distribución del poder dentro de los diferentes grupos. El status social de las personas se afirma en los esquemas de validación del conocimiento que rigen los campos sociales, entre los cuales el hecho de, por ejemplo, “hablar bien” sirve como parámetro de reconocimiento del otro como actor social. El hecho de que un idiolecto con pretensiones de universalismo excluya a otros por considerarlos periféricos implica un sesgo que determina la división de lo sensible y en el que aquellas identidades que no están homogeneizadas bajo el discurso hegemónico son negadas. Esto genera efectos de marginación que se retroalimentan a partir de las consecuencias materiales que esa misma definición produce. Por lo mismo, el lenguaje inclusivo debe servir como una herramienta para visibilizar a los colectivos invisibilizados pero no como vara para medir la inteligibilidad de un discurso. Entendiendo que esta particular forma de expresión corresponde a sectores de la juventud formados en instituciones o por medio de la militancia política, es comprensible que muchas personas que son incluídas simbólicamente por medio de este acto de habla no utilicen el lenguaje inclusivo y no debería ser una exigencia que lo hagan. Es necesario que existan estrategias amplias para la inclusión y que los movimientos de base intelectual estén emplazados junto a las masas como una herramienta para la lucha cultural y en una relación directa con ellos que tenga el fin de dirigirlos, tal como plantea Gramsci. Pero también es necesario utilizar las herramientas simbólicas que surgen en el contexto actual sabiendo que luego será necesaria la creación de nuevas formas de interpretar la realidad con el fin de transformarla. Las palabras de Ranciere en su “Retorno de la Política” son emblemáticas en este sentido: “El rechazo a considerar a determinadas categorías de personas como individuos políticos ha tenido que ver siempre con la negativa a escuchar los sonidos que salían de sus bocas como algo inteligible.”


Las voces y las actitudes de les transexuales son y fueron sistemáticamente anuladas por expresar rabia, ira, enojo y violencia como respuesta a la marginación, pero esa negación de sus formas de interpretar el mundo está sostenida por la búsqueda de impunidad de quienes dirigen su violencia simbólica hacia las disidencias sexuales. Sumado a esto, existen sectores de nuestra sociedad -que cuentan con representación política- que segregan y discriminan por características étnicas, sexuales y de clase como consecuencia de la creencia en los ideales modernos europeos. Las identidades latinoamericanas están marcadas por la influencia de esa imagen engrandecedora del hombre blanco que forma parte de la ideología de las clases más acomodadas, tal como lo demuestra Sartré en su prólogo a Los Condenados de la Tierra de Fanon. Lo indígena está históricamente asociado con el “otro” cultural puesto que las construcciones teóricas latinoamericanas están marcadas por lo que Eduardo Grüner llama colonialidad del saber. En la misma población marginada se ubica a lxs transexuales, a quienes se rechaza en los espacios institucionalmente avalados pero se les ofrece un lugar en el circuito económico de la explotación sexual, razón por la cual también se les margina. El avance de los colectivos en lucha por las disidencias fue abriendo nuevos campos teóricos que lograron ganar espacios institucionales a partir de la segunda mitad del siglo XIX, entre cuyos representantes se encuentran teóricas y teóricos como Judith Buttler, Michel Foucault, Paul Preciado, Nelly Schnaith o Linda Nochlin.

La apariencia física y las maneras de mover el cuerpo, la forma en que cada persona se piensa y se da forma, los caracteres según los cuales cada cual se identifica y por medio de los que expresa su particularidad, constituyen terrenos de batalla simbólica en los que se inscriben las relaciones de poder jerarquizadas que regulan el entramado social. La disidencia sexual es condenada por su gesto, asociada con lo impúdico y lo marginal que se enfrenta a la institución familiar. El estigma que marca a las disidencias sexuales es el efecto de superficie de un sistema de valores que persigue los gestos en busca de un testimonio de adecuación a la norma establecida y que dé cuenta de la forma de ocupación del tiempo del individuo. La conducta masculina en el hombre está asociada con la asunción de un rol activo en la sociedad, adecuado al trabajo y a las leyes del Estado, mientras que la conducta femenina en la mujer se interpreta como la adecuación a una posición funcional. Los gestos mixtos fueron muchas veces caracterizados como locura por las instituciones médicas. El hombre afeminado y la mujer masculina, condenados por invertidos. En el nivel del lenguaje, sus nombres sirven como descalificación de la condición del otro. Pero ¿Por qué existe una saña particular hacia estxs personajes? Podríamos aventurar que atacan el centro frágil que sostiene el régimen de visibilidades imperante, es decir, la división de lo sensible en nuestra sociedad. La puesta en cuestión de estos principios abre la puerta a nuevos sujetos y entremezcla escenarios que traspasan los límites de lo admisible para ciertos personajes que prefieren mantener a cada cual en su lugar. Los efectos de la doble moral hegemónica atraviesan toda la trama social y producen distribuciones del espacio que habilitan posicionamientos de otro modo imposibles. Cabe mencionar, en tal sentido, el caso de Hans Pozo ocurrido en 2006 en Chile, un trabajador sexual que fue descuartizado por el funcionario municipal Jorge Iván Martínez Arévalo, el cual expresó en la carta que dejó antes de morir que realizó el crimen para evitar verse escrachado por relacionarse con un prostituto. Este funcionario fue, a su vez, asesinado por el cuerpo de carabineros para encubrir las implicancias del crimen. 

La distribución del espacio desigual alumbra los mismos rostros bajo luces contradictorias. Extrañas a sí mismas, emblemáticas y destacadas voces de la sociedad, investidas en cargos y poderes institucionales, empapelados de su propia historia y de la historia social, se disfrazan entre los sectores que ellos mismos llaman marginados de la sociedad y cuya condición parecen señalar y condenar: y en ese contexto transforman sus lenguajes, sus maneras y sus direcciones, negocian sus modales. En una misma comunidad se trazan sectores, circuitos de conducta. Muchas veces los mismos personajes se encuentran rodeados de escenarios completamente diferentes y en actitudes sumamente contradictorias. Pero los encuentros se dan de un modo diferente dependiendo del espacio donde se da el encuentro: existen silencios institucionales que se mantienen a fuerza de cerrar todas las puertas y ventanas y de negar ciertas experiencias.

Extrapolando la teoría de Jameson sobre la posmodernidad y el pasado a este campo de reflexión, considero que es necesario que la producción simbólica de las sociedades locales recupere la cadena significante que une los eventos del pasado con el presente históricamente dimensionado, reivindicando para Latinoamérica las particularidades propiamente latinoamericanas y las experiencias sexuales diversas que no son tematizadas desde la perspectiva de la hegemonía cultural eurocéntrentrada y heteronormada y que tienen un correlato en estandares racistas de belleza y de normalidad. Los cuerpos no hegemónicos están marcados por el estigma de una forma de concebir la Historia en la que conviven la perspectiva colonial con una fetichización de la cultura propia del sistema capitalista global que produce sujetos caracterizados como inferiores por sus particularidades de clase, etnia y género. Este tipo de categorizaciones se enraízan en la tradición europea y resulta necesario someterlas a una revisión constante para reconfigurar su sentido y producir nuevas divisiones de lo sensible acordes a las necesidades actuales.



Conclusión


Las luchas en el terreno de la producción simbólica constituyen una herramienta política y abren espacios para que se incluyan sujetos y espacios antes negados, abriendo diálogos que implican la admisión de nuevos signos que son interpretaciones de discursos provenientes de contextos antes exteriores pero hoy incluídos en un nuevo marco común. La necesidad de diferenciar la producción simbólica latinoamericana orientada al cuestionamiento del género de la producción simbólica de los países dominantes, poniendo de relieve la experiencia particular de la subjetividad latinoamericana, es fundamental como forma de articulación de las problemáticas de género, raza y clase que son consecuencia de la imposición de la cultura occidental. La ética de los placeres impuesta por el colonialismo persiste y requiere de acciones políticas orientadas a desarticular sus efectos de poder, los cuales están entramados en la génesis de las instituciones que organizan la sociedad actual y se ven reforzados por un adoctrinamiento institucional obsesionado con la determinación del género de los sujetos sociales. Recuperar la experiencia de las disidencias sexuales en Latinoamérica implica abordar la Historia desde una perspectiva de género superadora del binarismo que se articula en la actualidad con estrategias de inclusión social que admitan las experiencias diversas apuntando a redistribuir la división de lo sensible. 





sábado, 8 de abril de 2017

parecidos

La voluntad se nos cuelga (ahí, la una para los muchos). Se nos quiebra encima en los pétalos que fuimos rescatando de la tierra y el ardor. Ahora valen más porque el tiempo. Y entonces respondemos dos veces por la primera, y tres si hace falta. Pero antes de que vuelvan los reproches, el hielo y la caída, sugiero que tomemos la decisión de saludarnos. Entendemos por el silencio, los dobles párpados o anomalías semejantes, y reanudando el empuje. Esta vez quizás logremos empujar tan lejos y tan hondo que quebremos la pared que se nos encarnó en las manos, que nos sangra en los pies, aplastando el paso. Lamentaste tu suerte hasta hoy, porque no creías que llegaríamos a tocar el punto culminante, la hora hermosa, el proceso inicial. Llegados aquí, desprendamos el cuerpo, soltemosle las lianas y relajemos codos y rodillas. Luego, nos extendemos hacia adelante y rogamos alcanzar el porvenir con nuestras manos. Es el gesto, sólo el gesto. Por supuesto que no podríamos alcanzar, eso estuvo claro siempre. Es sólo el gesto. Nos será devuelto con creces, transformado y urgiendo. Así, diremos, emprendimos la vuelta, volvimos al milagroso principio último, el auténtico. Pasamos la jornada deshaciendo los manojos, respirando lento y dejándonos caer despacio sobre lo que alguna vez llamamos rodilla y que hoy tiene otro nombre y, por lo tanto, otra consistencia. Pisamos volviendo hacia nuestros pasos sobre la nieve en un paisaje que nos nace del recuerdo, hacia atrás, en un caminar que va cediendo aunque sin dudar, hasta apagarse completamente en un último y fuerte susurro. Desaparece. No es silencio ni dicha, ni se parece al cielo. Estuvo toda una noche esperando y se sentía una eternidad. Estaba pensando en dormir, finalmente, hasta que la espera se volviera algo nuevo de tanto sostenerse. No hubo consumación porque los dados cayeron por el borde de la mesa y se perdieron bajo el armario de las llaves. Perdíamos las rodillas por aquel entonces. Sería inutil ir a buscarlas para encontrar nada. Ya sabemos muy bien que los procesos nos alejan del principio generador del movimiento, y que se nos pierde en la bruma y la confusión. No volvamos a empezar de nuevo otra vez. Si hubieras visto la hora del costado, junto a la almohada y la luz del amanecer, tan calma y tan triste desde ese ángulo entrecerrado. Así suena muy hermoso y siento la tentación de convertirlo todo en espectros de luz, los brazos abiertos en cruz y los pulmones llenándose de aire, una larga bocanada hasta ahí donde está lo que fue rodilla y hoy es un nombre nuevo y hermoso que le da sentido a todo con su aliento caliente y hondo. Invade todos los recintos.

viernes, 17 de marzo de 2017

Esto no debería aparecer acá.
 Desde hace unos pocos minutos perdió interés. Yo tengo todavía cosas para decir, para inventar. Pero sería inutil decir algo por decir sólo con el afán de direccionar hacia el punto al que quiero ir y que cuando estemos ahí yo diga como si se me hubiera ocurrido naturalmente esas palabras que vengo elucubrando. Una mentira. Casi verdad.
Tomé la decisión de incorporar el mal como algo bueno dentro de mi sistema de valores. Tomé esa decisión por mi y por los demás. Lo único de lo que estoy seguro es de que más allá de toda conciencia de arrepentimiento vamos a volver a equivocarnos y a cometer los mismos errores. Lágrimas y sincera retractación. No existe el perdón, porque no existe el mal. La mentira, los espejos de nuestras cabecitas precipitadas en vicio se renuevan en gesto y se traducen en nuevos códigos. Hablamos de lo mismo en otros términos, una y otra vez. Desposeído, poseo, y para mi imaginación las cosas se vuelven tan lejanas como un enigma. Casi me entretengo con los movimientos volteados, anulados como fuerzas contrarias con igual intensidad y distinta dirección- justo contraria, en reverso- que se encuentran y se apagan en un saludo directo al olvido. Resuelvo ecuaciones interminables, sucesiones y sucesiones de procesos. Vuelvo a mi como pidiendo un resguardo, una responsabilidad. Como vimos en ocaciones anteriores, los leones que corren por el jardín son bestias que escaparon del zoo, y no del áfrica aridiente. No asumo mi eterno estar. Ahora que fui más malo que el mal- clave los dientes en la pared- y que respondí con odio al odio- se me cayeron tres-, sólo crezco en un sentimiento de profunda compasión hacia mi mismo y hacia todos los demás. Perdonad mis pecados, hermanos, yo los suyos, y todos contentes. La rigidez sólo me encerraría en una insistencia vana, los humanos nos herimos entre nosotros, juan, entendé o bien no entiendas, pero aceptá. El egoísmo es propio del instinto de supervivencia. Cavaron profundos huecos y enterraron las listas de palabras imposibles. Dijeron que nunca existieron semejantes conflictos y oscuridades, y sacaron a relucir copiosas joyas del ingenio. Pusieron los precios nuevos encima de los viejos. Toda una tarde etiquetando. No hace falta que tengan el cuchillo en mano para que lo sientas apuntalándote el pecho. Podes inventartelo todo en las imágenes que desprenden las interacciones, como historias dadas en la pura connotación. Ya no se consigue más. Es porque nuestra conversación perdió interés. Porque el mundo se regocija en quiebres y el mío se funde entre las baldosas. No pude disfrutar mi libertad reclamando las ataduras. Busqué esos dientes entre los barrotes y hastá salté por un montículo que sabía que alguna vez me iba a ayudar a salir. Y ahora siento que cavilé y que fui debil y no supe ser solo y que todos traicionan. Está claro que no los encontré. Suelto y renuevo. Que se acabe la esclavitud. Que se acabe la sinceridad y la bondad de mi intención, que me suelten los monstruos. Ya no me ensombresco más en las horas del desinterés, ni en las horas de nadie, ni siquiera en las mías. Supe ser muy duro conmigo mismo buscando esos dientes. No están Y hasta que lo entendí no hice más que tristeza y abandono una vez más, una y otra vez, sucesiones y sucesiones de procesos.

viernes, 30 de diciembre de 2016

La música también está plagada de prejuicios. Está cargada de sentidos susceptibles de valoración y posicionamiento. La música admite gestos en función de la pertinencia. Los giros melódicos se estigmatizan. Las secuencias melódicas pueden resultar obvias, aburridas. Lo negativo se imprime en el ademan idiota, el gesto inconcluso, la falta de control sobre el elemento. No hablo del instrumento, sino del lenguaje. El que esquiva halla probelmas de adaptación por su propio autodesprecio. Dale hijos al canto sagrado. O mejor escépticos charlatanes sin sonrisa. Proveé conversaciones relajadas pero cargadas de aceleración, donde las máximas intensidades se sientan tanto en los susurros como en los alaridos desenfrenados. Ya no existe una lógica lineal de exclusión. Hay litigios imaginarios que atienden a la problematica misma, la problemática "música". No conviene apresurarse a encontrar resultados, cometer los errores viene a cuento de estrella, saliva repartida. No le temas a los miedos.

sábado, 5 de noviembre de 2016

salvado- lecturas el estallido

Las calles están plagadas de personas. El reflejo es constante.
Los espacios compartidos se cargan de señales.
Las diferentes realidades se enfrentan, se miden.
La normalidad es un rasgo intercambiable. El otro siempre es el otro.
Tras los muros de la cotidianidad que nos contentamos con sostener,

En el seno mismo de la civilización aparece su contradicción
y esa contradicción intenta ser reservada a los ámbitos del encierro y la marginación.
Las instituciones reniegan de ciertos aspectos de lo humano.
 La idea de lo monstruoso y de lo miserable funciona como
 amenaza del orden social pero más aún como el límite visible
 y material que mantiene su constitución y su orden.
La moral debe su subsistencia al espectáculo público del dolor y de la miseria.


Tras los muros de la cotidianidad que nos contentamos con sostener,
aparecen un personaje: el alienado, el loco, el insano mental,
 imagen del errante e inadaptado social, que no responde o que se burla
 de las preocupaciones del ciudadano civilizado y ordenado,
y que se burla de la costumbre y no respeta los estatutos morales.
Me refiero a que esta sociedad cultiva una sensibilidad
que asocia a aquel que se manifiesta desafiante e indisciplinado
con otras figuras de la marginalidad:
 los pobres, los vagabundos, los borrachos, los enfermos venereos, los drogadictos, los depravados.
Toda una población maldita.
Sus figuras se confunden, sus rostros se invierten y se intercambian.
Son los personajes de un sueño
arremolinado y revuelto, precipitado en historias  al olvido,
muecas como destellos fugaces.
El estigma se inserta entre las miserias propias
 de un desapego que contendría el fantasma nefasto del desamparo.

Extrañas a sí mismas, emblemáticas y destacadas voces de la sociedad,
 investidas en cargos y poderes institucionales,
empapelados de su propia historia y de la historia de la ciudad,
 se disfrazan entre los sectores que ellos mismos llaman marginados de la sociedad
y cuya condición parecen señalar
 y condenar: y en ese contexto transforman sus lenguajes,
 sus maneras, sus direcciones, negocian sus modales.
En un único y mismo espacio se trazan sectores, circuitos de conducta.
Muchas veces los mismos personajes  se encuentran rodeados de escenarios completamente 
diferentes y en actitudes sumamente contradictorias.
Pero la propia lógica del juego prepara las tensiones de manera constante: 
las traducciones a nuevos contextos atienden a enfrentamientos imaginarios, continuidades internas de la cabeza.
Cada individuo se carga a sí mismo desde su historia, y en esa historia se insinúa una lógica.


Muchos modos de vida son considerados por nosotros mismos locura,
 y ésta se vuelve la forma más general de la crítica,
 un señalamiento de reprobación que engloba actitudes totalmente disimiles entre sí.
¿Porque creamos estas diferenciaciones? Quizás necesitamos negar otras realidades
para sostener la que creamos nosotros mismos.
La ilusión de un  cuerpo colectivo homogéneo y constante protege los movimientos internos
 de un tejido que se convierte a sí mismo, a sus maneras y códigos,
 en redefiniciones inconmensurables y contradictorias.
El capricho de las personas que concentran los recursos modifica la vida de muchos otros.
Ellos detentan el poder de la vara que mide y separa la normalidad de la demencia
por medio de maquinarias de artificio, sistemas de regulación de la conducta, concentración de medios.
No es extraño hallarlos incluidos en una ronda que, por su participación,
los devuelve conversos a su propia lógica, dominantes dominados,
encerrados en el juego del encierro y la libertad,
emblemas del juicio y del castigo que se desarman y desinvisten su presencia de su función
 de autoridad de tal modo que eso mismo les permita negociar un posicionamiento que
les convenga en función de movimientos y deseos ni siquiera declarables.
El poder institucional no es universalizable ni funciona igual en todo contexto.
  En el seno de lo social hay un espacio en el que el deseo teje tus propias redes
de la mano de lo impronunciable.
 Lo que dice, calla.
Los deseos se disuelven en las formas de lo pertinente.
En todo caso, hay autoridades que no detentan la autoridad en la práctica y que atienden,
más bien, a silenciosos movimientos de un orden psíquico, pero, diría, incluso, digestivo.
En la interlocución directa con el otro hay una atmósfera que sólo puede rastrearse
en pequeños intersticios que nos pueden acercar al sentido de una situación.
Existe una profunda dimensión de sentido en la que proliferan indicios de la mano de
los movimientos respiratorios, las contenciones, los gestos de distensión,
  los nervios, la preparación de un cierto evento, etc.
Esa dimensión se estructura a modo de experiencias que se repiten transpuestas,
 se insinuan entre temáticas recurrentes.
 Sin embargo, hay certezas que funcionan en esa misma dimensión,
 que guían la intuición como presencias silenciosas que se esconden.
 Lo que calla, dice. Y dice más de lo siquiera representable:
Hay climas que sólo aparecen como una atmósfera flotante, traslúcida, relaciones que hayan su encanto en la distancia, hombres que se ven, se huelen y se persiguen en silencio y esquivos. Hay gestos gastados, descensos abruptos, risas ahogadas, amargas resignaciones. Hay ademanes de voracidad y ambición e ilusiones grandísimas. La ley de un deseo se apodera del barco en una dimensión inconfesable, o más aun, lógica, evidente... Entonces, quienes asumen en su discurso o en su investidura social la voz de la moral, el compromiso, son los que en nombre de lo justo y de lo bueno condenan y recortan la conducta en un nivel explícito. Aunque sería más interesante observar como aquellos que ni siquiera asumen una postura transparente generan influencias. El reflejo del otro social motiva comportamientos. Los estigmatizados por el motivo que sea, los distraídos, los impertinentes y los desapegados son un reflejo unas veces hermoso y otras tantas aterrador.
 Hay quienes quieren conseguir y hay quienes sueñan renunciar.
 Pero en la misma ronda danzan los que no quieren responder,
 o los que responden con aplazos, respuestas esquivas, posiciones ambiguas.
Cada uno de nosotros teje su influencia en nombre de valores políticamente correctos, y mediante esa influencia, pronuncia la tiranía del propio capricho, que alza su voz desde la defensa de lo justo y que muchas veces nisiquiera reconoce el límite en que esa defensa se convierte en farsa.
 Entonces, hablamos de posicionamientos sociales.
Esos lugares se habilitan por una cierta asunción, es decir, algo que se asume, se apropia,
 un manejo de valores al nivel de la declaración. Hablo de una teatralidad y de
 un juego de interpelaciones. Los textos que se hablan aparecen en distintos formatos y materialidades.
El sentido se entromete en los vestidos, los usos de la voz y el movimiento corporal.
 Los compromisos identitarios suponen la asunción de una cierta gestualidad enmarcada
 en un cierto escenario sin cuya permanencia todo pierde sentido.
Estigmatizar ciertos actos concede la seguridad de controlar el sentido.
Se da la posibilidad de construir un sentido histórico, aunque móvil, dinámico,
de las biografías.
Para esta sociedad, el hombre sin historia es loco de por sí,
puesto que su identidad es pura posibilidad.
La locura está en el desconocido.
El hombre que renuncia de manera abrupta a su historia también es juzgado como loco,
el que no sostiene, el que cambia, puesto que el movimiento de cambio
genera el vértigo de enfrentarse al desamparo. La locura se evoca como límite del respeto.
Representa el límite de la comprensión del otro, la confusión, el desconocimiento.
En la sinrazón están contenidos los miedos de la noche, los largos senderos del infinito jamás caminados, un horizonte de soledad y dudas, una existencia parada frente a los telones de la realidad, asomada al abismo que su propia ilusión promete.

Hay persecuciones que se reiteran a través de la trama social como exigencias
de la más diversa índole. La demanda se traduce, se traiciona, se subvierte.
Los caminos de las construcciones modifican los cimientos que se afirman
bajo el peso de la misma gravedad. Los nudos se gastan.
La memoria construye y su sustrato ¿Es el recuerdo?
Nietszche esboza en una de sus sentencias e interludios la siguiente frase:
"«Yo he hecho eso», dice mi memoria.
«Yo no puedo haber hecho eso» - dice mi orgullo y permanece inflexible.
Al final - la memoria cede."

En el camino de las construcciones se modifican el valor y la disposición de las imágenes.
 Se reafirman y se contradicen a la vez: las cristalizaciones no existen.
Lo que si existe son ilusiones de cristalización,
vivencias detrás de las sensaciones de determinación,
maneras de llevar la cruz y jugar con la identidad, y de sacarle el mejor provecho.
Y dentro de esos usos, aprendemos los juegos del ingenio, la perspicacia y la pertinencia.
 Aunque no siempre se pueden evitar las fisuras abruptas.

Las voces se asumen en función de necesidades de momento para luego ser abandonadas
junto con los escenarios y las vestiduras que las enmarcaban.
En última instancia, siempre se puede mentir, apelar a voces agotadas,
argumentos ni siquiera extensibles.
Al dudar de la buena fé del otro, dudamos de la buena fé de nosotros mismos.

jueves, 3 de noviembre de 2016

lecturas estallido

 El reflejo es constante.
Los espacios compartidos se cargan de señales.
Las diferentes realidades se enfrentan, se miden.
La normalidad es un rasgo intercambiable. El otro siempre es el otro.

Tras los muros de la cotidianidad que nos contentamos con sostener,
Nos pusimos de acuerdo en no darnos cuenta del punto a que nos habíamos llevado. Nos pusimos de acuerdo en hacer de cuenta que mirábamos por el bien, el resguardo de unos, la condena de otros. Las estructuras que necesitabas destruyeron a tu vecino, a tu familia. Respiraste microbios de larga cepa. Combinaste recuerdos con recetas y lirismo arcaico, té a las tres de la tarde, horas de encierro y silencio. Compulsivamente, respondiste al contacto humano con resistencia. Nadie nunca dio un motivo para confiar. Siempre anduvieron demasiado ensimismados en su propia valía, la virtud que nos diferencia. Cuando vienen los vientos, responden sorpresas. ¿Donde quedó mi pataleo? Resistí hasta el último día, con todas las fuerzas que pude reponer desde el letargo impuesto. Quise otras ropas, otras calles, la misma hora.
Resolví mi esfuerzo en exigencias, mi resignación en recelo y enfriando. Ya no me toca resplandecer, ni voy a estirar mis arrugas para defender un silencio viejo. Ya me volví piedra de cúmulos y no pienso soltar. El perdón no existe.



En el seno mismo de la civilización aparece su contradicción
y esa contradicción intenta ser reservada a los ámbitos del encierro y la marginación,
Como si a uno no le pasara.
Las costumbres reniegan de ciertos aspectos de lo humano.
 La idea de lo monstruoso y de lo miserable funciona como
 amenaza del orden social pero más aún como el límite visible
 y material que mantiene su constitución y su orden.
La moral debe su subsistencia al espectáculo público del dolor y de la miseria.


Tras los muros de la cotidianidad que nos contentamos con sostener,
aparecen un personaje: el alienado, el loco, el insano mental,
 imagen del errante e inadaptado social, que no responde o que se burla
 de las preocupaciones del ciudadano civilizado y ordenado,
y que se burla de la costumbre y no respeta los estatutos morales.
Me refiero a que esta sociedad cultiva una sensibilidad
que asocia a aquel que se manifiesta desafiante e indisciplinado
con otras figuras de la marginalidad:
 los pobres, los vagabundos, los borrachos, los enfermos venereos, los drogadictos, los depravados.
Toda una población maldita.
Sus figuras se confunden, sus rostros se invierten y se intercambian.
Son los personajes de un sueño
arremolinado y revuelto, precipitado en historias  al olvido,
muecas como destellos fugaces.
El estigma se inserta entre las miserias propias
 de un desapego que contendría el fantasma nefasto del desamparo.

Extrañas a sí mismas, emblemáticas y destacadas voces de la sociedad,
 investidas en cargos y poderes institucionales,
empapelados de su propia historia y de la historia de la ciudad,
 se disfrazan entre los sectores que ellos mismos llaman marginados de la sociedad
y cuya condición parecen señalar
 y condenar: y en ese contexto transforman sus lenguajes,
 sus maneras, sus direcciones, negocian sus modales.
En un único y mismo espacio se trazan sectores, circuitos de conducta, paredes altísimas para no ver.
Muchas veces los mismos personajes  se encuentran rodeados de escenarios completamente
diferentes y en actitudes sumamente contradictorias.
Pero la propia lógica del juego prepara las tensiones individuales para su exposición social:
las traducciones a nuevos contextos atienden a enfrentamientos imaginarios, continuidades internas de la cabeza.
Cada individuo se carga a sí mismo desde su historia, y en esa historia se insinúa una lógica.


Muchos modos de vida son considerados por nosotros mismos locura,
 y ésta se vuelve la forma más general de la crítica,
 un señalamiento de reprobación que engloba actitudes totalmente disimiles entre sí.
¿Porque creamos estas diferenciaciones? Quizás necesitamos negar otras realidades
para sostener la que creamos nosotros mismos.
La ilusión de un  cuerpo colectivo homogéneo y constante protege los movimientos internos
 de un tejido que se redefine todo el tiempo, sosteniendo sus maneras y valores pero en usos distintos.
El capricho de las personas que concentran los recursos modifica la vida de muchos otros.
A quienes detentan el poder de la vara que mide y separa la normalidad de la demencia
por medio de maquinarias de artificio y sugestiones de todo tipo.
No es extraño hallarlos incluidos en una ronda que, por su participación,
los devuelve conversos a su propia lógica, dominantes dominados,
encerrados en el juego del encierro y la libertad,
emblemas del juicio y del castigo se igualan a los otros de tal modo que eso mismo les permita negociar un posicionamiento que les convenga en función de movimientos y deseos ni siquiera declarables. Lo que no se permite en un espacio, se posibilita en otro.
La gente se cansa de no sentirse libre
Hay un espacio en el que el deseo teje tus propias redes
de la mano de lo impronunciable.
 Lo que dice, calla.
Los deseos se disuelven en las formas de lo pertinente.
En todo caso, hay autoridades que no detentan la autoridad en la práctica y que atienden,
más bien, a silenciosos movimientos de un orden psíquico, pero, diría, incluso, digestivo.
En la interlocución directa con el otro hay una atmósfera que sólo puede rastrearse
en pequeños intersticios que nos pueden acercar al sentido de una situación.
Existe una profunda dimensión de sentido en la que proliferan indicios de la mano de
los movimientos respiratorios, las contenciones, los gestos de distensión,
  los nervios
 Sin embargo, hay certezas que funcionan en esa misma dimensión,
 que guían la intuición como presencias silenciosas que se esconden.



Lo que calla, dice. Y dice más de lo siquiera representable:
Hay climas que sólo aparecen como una atmósfera flotante, traslúcida, relaciones que hayan su encanto en la distancia, hombres que se ven, se huelen y se persiguen en silencio y esquivos. Hay gestosque delatan una insistencia. Hay gritos que salen con el impulso de la liberación. Pero aún, tengo ademanes de voracidad y ambición e ilusiones grandísimas. La ley de un deseo se apodera del barco en una dimensión inconfesable, o más aun, lógica, evidente... Entonces, quienes asumen en su discurso o en su investidura social la voz de la moral, el compromiso, son los que en nombre de lo justo y de lo bueno condenan y recortan la conducta en un nivel explícito. Aunque sería más interesante observar como aquellos que ni siquiera asumen una postura transparente generan influencias. El reflejo del otro social motiva comportamientos. Los estigmatizados por el motivo que sea, los distraídos, los impertinentes, los desapegados, los pobre, los ricos, son un reflejo unas veces hermoso y otras tantas aterrador.
 Hay quienes quieren conseguir y hay quienes sueñan renunciar.
 Pero en la misma ronda danzan los que no quieren responder,
 o los que responden con aplazos, respuestas esquivas, posiciones ambiguas.
Cada uno de nosotros teje su influencia en nombre de valores políticamente correctos, y mediante esa influencia, pronuncia la tiranía del propio capricho, que alza su voz desde la defensa de lo justo y que muchas veces nisiquiera reconoce el límite en que esa defensa se convierte en farsa.
 Entonces, hablamos de posicionamientos sociales.
Esos lugares se habilitan por una cierta asunción, es decir, algo que se asume, se apropia,
 un manejo de valores al nivel de la declaración. Hablo de una teatralidad y de
 un juego de interpelaciones. Los textos que se hablan aparecen en distintos formatos y materialidades.
El sentido se entromete en los vestidos, los usos de la voz y el movimiento corporal.
 Los compromisos identitarios suponen la asunción de una cierta gestualidad enmarcada
 en un cierto escenario sin cuya permanencia todo pierde sentido.
Estigmatizar ciertos actos concede la seguridad de controlar el sentido.
Se da la posibilidad de construir un sentido histórico, aunque móvil, dinámico,
de las biografías.
Para esta sociedad, el hombre sin historia es loco de por sí,
puesto que su identidad es pura posibilidad.
La locura está en el desconocido.
El hombre que renuncia de manera abrupta a su historia también es juzgado como loco,
el que no sostiene, el que cambia, puesto que el movimiento de cambio
genera el vértigo de enfrentarse al desamparo. La locura se evoca como límite del respeto.
Representa el límite de la comprensión del otro, la confusión, el desconocimiento.
En la sinrazón están contenidos los miedos de la noche, los largos senderos del infinito jamás caminados, un horizonte de soledad y dudas, una existencia parada frente a los telones de la realidad, asomada al abismo que su propia ilusión promete.

Hay persecuciones que se reiteran a través de la trama social como exigencias
de la más diversa índole. La demanda se traduce, se traiciona, se subvierte.
Los caminos de las construcciones modifican los cimientos que se afirman
bajo el peso de la misma gravedad. Los nudos se gastan.
La memoria construye y su sustrato ¿Es el recuerdo?
Nietszche esboza en una de sus sentencias e interludios la siguiente frase:
"«Yo he hecho eso», dice mi memoria.
«Yo no puedo haber hecho eso» - dice mi orgullo y permanece inflexible.
Al final - la memoria cede."

En el camino de las construcciones se modifican el valor y la disposición de las imágenes.
 Se reafirman y se contradicen a la vez: las cristalizaciones no existen.
Lo que si existe son ilusiones de cristalización,
vivencias detrás de las sensaciones de determinación,
maneras de llevar la cruz y jugar con la identidad, y de sacarle el mejor provecho.
Y dentro de esos usos, aprendemos los juegos del ingenio, la perspicacia y la pertinencia.
 Aunque no siempre se pueden evitar las fisuras abruptas.

Las voces se asumen en función de necesidades de momento para luego ser abandonadas
junto con los escenarios y las vestiduras que las enmarcaban.
En última instancia, siempre se puede mentir, apelar a voces agotadas,
argumentos ni siquiera extensibles.
Al dudar de la buena fé del otro, dudamos de la buena fé de nosotros mismos.